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Perú ante la revolución de la IA generativa: una ley moderna con una mirada todavía tradicional

El reglamento de la Ley de IA exige crear un centro nacional especializado, pero prohíbe asignar nuevos recursos públicos para ponerlo en marcha.

Por Wilfredo Elías Pimentel Serrano, Socio fundador del Instituto Gestión por Desarrollo Convergente.

En 2024, el Perú dio un paso histórico al promulgar la Ley N.º 31814 de Inteligencia Artificial, y en 2025 completó su reglamento mediante el Decreto Supremo N.º 115-2025-PCM. Con ello, el país se convirtió en uno de los primeros de la región con una ley específica sobre IA.

Sin embargo, esta modernidad es más formal que real. La norma fue diseñada para una generación previa de inteligencia artificial —la IA tradicional, enfocada en clasificación, predicción y automatización— y no para la IA generativa, capaz de producir textos, imágenes o código con una autonomía y escala inéditas. Esta brecha conceptual explica el desfase tecnológico que hoy separa al marco normativo peruano de la dinámica global.

Mientras el mundo debate sobre los modelos fundacionales, los deepfakes y el contenido sintético, el reglamento peruano no menciona ninguno de esos términos. Fue redactado cuando la IA generativa aún era una novedad experimental, no el motor de innovación mundial que es hoy.

Así, el país cuenta con un marco legal actualizado en formato, pero anclado en una visión anterior de la tecnología. La norma establece principios correctos —transparencia, supervisión humana, ética—, pero lo hace desde un paradigma que ya no responde a los desafíos reales de la IA generativa.

Es lo que los analistas llaman una asimetría tecnológica: una ley vigente, pero desalineada con la tecnología que pretende regular.

Tres asimetrías que frenan el desarrollo
El análisis comparado de la serie Decodificando las Normas de Inteligencia Artificial en el Perú identifica tres brechas estructurales:

1. Asimetría temporal: el marco prevé metas al 2030, pero el desarrollo de infraestructura y talento requiere entre 6 y 10 años.
2. Asimetría tecnológica: la ley se enfoca en IA tradicional mientras el mundo migra a IA generativa.
3. Asimetría de resultados: países sin ley —pero con inversión— avanzan hasta cinco veces más rápido que el Perú.

Estas tres brechas explican por qué, pese a contar con un marco normativo avanzado, el país seguirá en el Nivel 1 de adopción: uso pasivo de herramientas externas como ChatGPT o Gemini, sin capacidad de adaptación local ni control sobre los modelos.

El reglamento de la ley exige crear el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo en IA (CNIDIA), pero su propio artículo 2 prohíbe asignar nuevos recursos del Tesoro Público para cumplirlo.

En la práctica, el Estado establece obligaciones sin presupuesto. Mientras Colombia destina más de 116 millones de dólares a su estrategia nacional de IA, Chile consolida su centro de supercómputo y Brasil supera los 70 millones en inversión acumulada, el Perú no tiene proyectos activos de infraestructura o investigación en IA generativa.

La consecuencia es clara: una ley avanzada sin medios para aplicarla.

Los cuatro pilares vacíos
El Índice de Desarrollo de IA Generativa (GenAI) elaborado en el estudio muestra que el Perú alcanza solo 15 puntos sobre 100, frente a 55 de Brasil y 45 de Chile. Las causas se resumen en cuatro vacíos estructurales:

– Infraestructura: 0 petaflops de capacidad de supercómputo.
– Ciencia: mínima producción académica en IA generativa.
– Empresas: escasas iniciativas privadas en desarrollo propio.
– Talento: carencia de programas doctorales y fuga de investigadores.

Sin inversión, el país apenas llegaría a 18 puntos en 2029, un crecimiento orgánico pero sin transformación real.

Liderazgo digital y brecha política
El problema no es solo técnico, sino de liderazgo; el liderazgo político ha impulsado una ley visible y bien intencionada, pero sin escuchar al liderazgo digital, que entiende las condiciones necesarias para hacerla viable.

El resultado es una desconexión estructural: se legisla para cumplir con estándares internacionales, pero sin las capacidades internas para implementarlos.

Una madurez normativa sin madurez estructural
En el horizonte 2026–2030, el Perú alcanzará una madurez normativa —ley, reglamento y estrategia nacional—, pero no una madurez estructural. Las instituciones cumplirán formalmente con la regulación, pero sin infraestructura, talento ni investigación que respalde esas obligaciones.

Será una IA de escritorio: correcta en los documentos, inoperante en la práctica.

A pesar de ello, hay señales alentadoras. Universidades que buscan abrir programas de especialización, startups que exploran IA generativa en salud o educación, y jóvenes con vocación tecnológica.

Si el país logra alinear inversión, ciencia y regulación, puede convertir esta desventaja en una oportunidad. La IA generativa ofrece al Perú la posibilidad de participar activamente en la nueva economía del conocimiento, siempre que se rompa la inercia de la regulación sin desarrollo.


Escrito por Calidad & Negocios

Revista

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