Por Wilfredo Elías Pimentel Serrano, Socio fundador del Instituto Gestión por Desarrollo Convergente.
Imaginemos que el país decide construir el puente digital más moderno de Sudamérica. La Ley y la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial serían ese diseño: ambicioso, sofisticado y necesario para el futuro. Pero desde su nacimiento, este plan arrastraba un defecto estructural.
El análisis del modelo GDC (Gestión para el Desarrollo) revela que, en el entusiasmo por contar con una ley moderna, se pasó por alto algo fundamental: la articulación entre el plan (Estrategia), el liderazgo (Liderazgo Digital) y las herramientas (Tecnología). Esa desconexión es lo que denominamos fractura sistémica.
La situación actual puede representarse como un “Triángulo de la Inejecución”, donde los tres pilares para el desarrollo de la IA están separados por fallas profundas:
Vértice del liderazgo:
Existe una visión —queremos ser referentes en IA—, pero el Decreto Supremo que regula la ley (DS N.° 115-2025-PCM) incluye un artículo clave: el Artículo 2 establece que no se emplearán recursos adicionales del Tesoro Público. En términos simples, diseñamos un puente moderno, pero lo dejamos sin materiales. Es una muestra clara de incapacidad estratégica.
Vértice de la estrategia:
El plan toma como referencia modelos europeos avanzados y, como resultado, se convierte en una arquitectura compleja que no encaja con la realidad peruana. Es como intentar conducir en Lima usando un mapa de París. Gran parte del diseño termina siendo difícilmente aplicable.
Vértice de la tecnología:
Sin presupuesto no hay infraestructura, y no podemos invertir ni siquiera en lo mínimo —como HPC o supercomputadoras—. Esto nos condena a depender únicamente de tecnología importada. Se configura así un rezago dual: solo compramos, nunca desarrollamos.
Consecuencias: una deuda tecnológica acumulada
Estas fracturas no son fallas aisladas, sino un problema estructural con tres manifestaciones graves:
Falla del dinero (ruptura operativa):
La ley exige un alto nivel de desarrollo, pero el “presupuesto cero” la vuelve inejecutable. El plan queda atrapado en el papel.
Falla del desarrollo (ruptura tecnológica):
Al no poder generar tecnología propia, la ley solo regula la IA que importamos, sin impulsar talento ni innovación local.
Falla del tiempo (ruptura temporal):
La norma avanza rápido en documentos, pero la capacidad real del país avanza lento. Esa brecha nos coloca en un estado de complejidad crítica.
Conclusión
La Ley de IA, tal como está diseñada, ha institucionalizado el estancamiento. Si el Perú no repara estas fracturas antes de 2029, la brecha tecnológica —ya profunda— podría volverse irreversible, mientras otros países de la región aceleran su desarrollo.






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