En un país donde la toma de decisiones necesita cada vez más respaldo técnico, los archivos —físicos y digitales— se convierten en aliados silenciosos pero esenciales del desarrollo. Gracias a documentos bien gestionados, como contratos, expedientes, planos o censos, el Estado puede fiscalizar obras públicas, resolver conflictos territoriales, preservar el patrimonio cultural y diseñar políticas sociales basadas en evidencia.
Casos emblemáticos, como la investigación Lava Jato, mostraron que sin acceso a archivos organizados y auténticos, sería imposible sustentar procesos judiciales complejos. Del mismo modo, en regiones como Cusco, la revisión de documentos coloniales permitió delimitar zonas arqueológicas frente al avance urbano, protegiendo el legado histórico. Los archivos no solo guardan el pasado: iluminan el presente y trazan el futuro.
“Gestionar un archivo es custodiar la memoria, pero también poner al servicio del presente la información crítica para la justicia, el desarrollo urbano, la gestión ambiental y la gobernanza pública”, señala Santiago Tácunan, director de la Escuela Nacional de Archivística (ENA).
Admisión
En este contexto, la formación profesional en Archivística cobra renovada importancia. La Escuela Nacional de Archivística (ENA), unidad del Archivo General de la Nación, ofrece una carrera técnica orientada a formar especialistas en gestión documental, con competencias en conservación, acceso y organización de archivos públicos y privados. Esta formación es crítica para asegurar la transparencia institucional, la trazabilidad de la información y la memoria histórica del país. La ENA anuncia su próximo examen de admisión para el periodo II – 2025, a realizarse el 3 de agosto, como una oportunidad para formar a los nuevos guardianes de la información estratégica del Estado.

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