Por: Alfredo Salgado, Gerente General del Grupo EULEN Perú.
La eficiencia empresarial está cambiando. Actualmente, ya no depende solo de hacer más en menos tiempo, sino de la capacidad de las organizaciones para gestionar mejor sus procesos. En ese camino, la automatización se está convirtiendo en un factor de competitividad. Según McKinsey & Company, hasta el 45 % de las actividades laborales podrían automatizarse utilizando tecnologías que ya están disponibles.
En la práctica, la automatización está transformando actividades como la limpieza, la seguridad, el mantenimiento y la gestión integral de instalaciones. Su verdadero valor no radica únicamente en incorporar tecnología, sino en mejorar la manera en que las organizaciones planifican, ejecutan y controlan sus procesos.
El mayor cambio está en la gestión. Automatizar ya no significa solo reducir tiempos de ejecución; también implica tomar mejores decisiones, optimizar recursos y fortalecer la capacidad de respuesta de las organizaciones. El estudio Automation with Intelligence, de Deloitte, reveló que las organizaciones que han escalado la automatización inteligente lograron una reducción promedio de costos del 32 %, lo que confirma que su verdadero valor no está solo en la tecnología, sino en una mejor gestión de las operaciones.
Así, los procesos mejor planificados y respaldados por herramientas tecnológicas permiten reducir la variabilidad, fortalecer el control operativo y ofrecer servicios más confiables, capaces de responder a las crecientes exigencias del mercado. Al mismo tiempo, esta gestión automatizada favorece un uso más eficiente de los recursos disponibles. Es el caso de sectores como el alimentario, minero y agroexportador, donde la incorporación de soluciones de automatización ha permitido reducir hasta en 30 % el tiempo de empaque y mejorar la seguridad de los trabajadores.
La tarea pendiente es cambiar la percepción de que automatizar significa reemplazar personas. La experiencia demuestra lo contrario. La tecnología permite que los equipos dejen atrás tareas repetitivas para concentrarse en actividades en las que el criterio, la experiencia y la capacidad para resolver problemas generan mayor valor. Es esa combinación entre tecnología y talento humano la que realmente fortalece la competitividad de las organizaciones.
Al final, la ventaja competitiva será de quienes sepan integrar la automatización para crear operaciones más inteligentes, responsables y con mayor capacidad de adaptación frente a los desafíos del futuro.

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