in

Una emoción no se vende

Solo quienes emprenden saben cuánto pesa la mochila, pero en ese camino los jóvenes convierten cada avance, aprendizaje y enseñanza en el engranaje que impulsa ideas sólidas, creativas y llenas de futuro.

Por Lucía Farfán Salazar

Cuánto me gustaría adornar mis palabras o recurrir a frases motivacionales, pero tampoco quiero caer en el pesimismo. Prefiero decir las cosas tal cual, desde mi experiencia y desde lo que he visto en otros emprendedores jóvenes. Idealizar el camino no ayuda: hay que soñar, sí, pero también ser estratega cuando se habla de inversiones. La mejor idea no basta en el mercado. Algo que no nos enseñan es a vender, y ahí cometí uno de mis mayores errores. Una emoción no se vende —lo entendí en un conversatorio de diseñadores—; por eso hay que despegarse del producto y construirle una historia que conecte. Eso lo aprendí trabajando junto a equipos de marketing.

Las puertas no se abren porque sí… aunque a veces sí, si sabes qué barajas jugar. Vivimos en un país centralista y burocrático, pero aun así creo profundamente en mi gente peruana. Somos diversos, creativos y capaces de construir productos increíbles. Sin embargo, entrar al mercado formal no es sencillo. En mi caso, consolidé mi empresa rápido —en menos de tres meses—, pero también me topé con instituciones tan desorganizadas que frenaron mi avance.

Algunos tenemos más “barajas” y otros menos, pero eso no define tu camino si no sabes en qué mercado destacas. Emprender implica tropiezos y aprender a convertir cada uno en un escalón. En ese proceso identifiqué qué capitales puse a mi favor —económico, físico, social, humano, intelectual, cultural, simbólico, emocional, tecnológico, natural y creativo— y cuáles aún debo fortalecer. Lo que no tienes no es un problema; el verdadero problema es no querer aprender desde los engranajes más pequeños.

Esa lección la entendí gracias a una persona que llegó a mi vida en el momento exacto. Alguien que me enseñó a mirar el mundo con estrategia, a anticiparme y a construir siempre colchones de seguridad. Ese aprendizaje se convirtió en uno de mis capitales más valiosos.

Muchos dicen que el mercado es suerte, pero ser joven complica las cosas. Los varones cargan el estigma de no mostrar emoción, y las mujeres enfrentamos, a veces, la sexualización. Yo misma he usado mi feminidad como capital físico para moverme en un entorno patriarcal. Aun así, encontré personas que valoraron mi cerebro y empresarias que me mostraron lo que significa dominar el capital emocional. Si te frustras rápido, aquí debes aprender a canalizar, porque hay días en los que el corazón parece salirse del pecho.

Agradezco profundamente a quienes creyeron en mí, especialmente al señor Edgar Ríos y a la señora Erika Jibaja. Soy cusqueña, vivo sola en Lima y crecí cerca del mundo empresarial gracias a mi abuelo, Juvenal Farfán Díaz. Estudiar en la PUCP fue un quiebre: me enamoré de su ambiente y de cómo te obliga a expandirte. Entendí que, para aprender de verdad y vivir con libertad, también hace falta libertad financiera, y emprender puede ser un camino hacia ello. Emprender, sin embargo, no es lanzarse a ciegas; hay ritmos, etapas y procesos. Para mí, el propósito final es que todos los engranajes encajen, que el reloj trabaje a tu favor: que no te robe tiempo, sino que te regale más para vivir con intención y propósito.

Y sí, repito “engranajes” a propósito. La sociedad entera es una maquinaria: cada minuto un engranaje cambia y arrastra todo lo que lo rodea. Saber observar esos movimientos y trabajar con responsabilidad te permite crear productos auténticos, coherentes y sostenibles. Porque emprender no es solo vender; es entender, adaptarte, aprender y aportar algo real al mundo.

Así nació K’umus: un rompecabezas 3D de la Catedral del Cusco, moderado por Blanca Blas, ilustrado por Julio Ligarda y acompañado por una guía elaborada por el sociólogo Uziel Esaú Alejo. Todo presentado en una caja coleccionable que refleja el vínculo entre los textiles y la arquitectura inca. Gracias al Restaurante Catedral del Cusco obtuve mi primer punto de venta y la oportunidad de creer verdaderamente en mi producto.

Hoy mi rubro es amplio gracias a HL&B S.A.C., y estoy entusiasmada por todo lo que viene: más productos llenos de historia, identidad y propósito. Mil voces en una; con la emoción de abrazar mis tropiezos y seguir creciendo.


Escrito por Calidad & Negocios

Revista

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

GIPHY App Key not set. Please check settings